La convergencia de nuevas normativas europeas y nacionales —como el control de plásticos, la Ley contra el Desperdicio Alimentario o la Directiva de Diligencia Debida— obliga a la industria alimentaria a auditar sus procesos de limpieza y mantenimiento. Ante este contexto, PAPELMATIC reafirma su modelo de Higiene Consciente con soluciones técnicas, seguras y sostenibles, que permiten anticiparse al cumplimiento normativo y garantizar la inocuidad, la seguridad laboral y el respeto ambiental
El 2026 será recordado en la industria alimentaria como el inicio de una nueva era de cumplimiento normativo, tanto a nivel de seguridad, como de sostenibilidad.
Más que una única norma o una ley aislada, se trata de la convergencia de varias obligaciones europeas y nacionales que afectan de forma directa a productores y distribuidores: desde los materiales en contacto con alimentos hasta la prevención del desperdicio, la trazabilidad documental y las exigencias de seguridad en determinadas materias primas y productos.
El foco regulatorio se amplía. Ya no basta con garantizar la inocuidad del producto final, sino que la empresa debe demostrar que sus procesos, materiales y suministros cumplen con los estándares técnicos y legales vigentes. En la práctica, esta exigencia obliga a revisar procedimientos internos, especificaciones de compra y sistemas de trazabilidad, llevando a las compañías a auditar elementos antes considerados secundarios como consumibles, plásticos, celulosa industrial o recubrimientos, de entre otros.
Las cinco normativas alimentarias que marcan la agenda del 2026
De entre las regulaciones que ya están impactando en el día a día de las fábricas, destacan:
• Plásticos y pureza (Reglamento UE 2025/351): Endurece los límites de migración de partículas y exige una trazabilidad documental exhaustiva para cualquier plástico en contacto con alimentos.
• Desperdicio cero (Ley 1/2025): Con el objetivo de reducir el desperdicio alimentario al 50 % y de alinearse con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la norma española obliga a tener un plan de prevención de pérdidas. Esto implica que una máquina parada por oxidación o una contaminación cruzada por mala higiene ya no es un "gaje del oficio", sino una infracción.
• Deforestación cero (EUDR - Reglamento UE 2023/1115): Afecta directamente al papel y la celulosa. Las empresas deben demostrar que los productos de fibra que usan en su día a día, desde servilletas hasta papel de secado industrial no provienen de zonas deforestadas, exigiendo geolocalización del origen de la madera.
• Bienestar y derechos (Directiva CSDDD - UE 2024/1760): La Directiva de Diligencia Debida exige a las empresas mitigar los impactos negativos sobre los derechos humanos en su cadena de actividad. Esto consolida la seguridad y salud laboral como un derecho fundamental, convirtiendo la protección física del trabajador en un factor de cumplimiento legal auditable.
• Producción ecológica (Reglamento UE 2025/973): Actualiza la lista y las condiciones de uso de productos y sustancias autorizadas en producción ecológica. Aunque su impacto depende del tipo de operador y actividad, es una norma relevante para empresas que trabajan con líneas certificadas "eco", las cuales deben asegurarse de que cumplen con los nuevos estándares y garantizar la ausencia de sustancias químicas restringidas, que podrían impedir la denominación del producto final como ecológico.
Soluciones técnicas, seguras y sostenibles como respuesta a la nueva regulación
Ante este escenario, la elección de consumibles técnicos ha dejado de ser una decisión de compras para convertirse en una cuestión de calidad, seguridad, sostenibilidad y legalidad.
Pau Fornt, director general de PAPELMATIC, empresa especializada en higiene consciente con más de 60 años de trayectoria, señala que este tsunami regulatorio no hace más que confirmar la necesidad de un cambio de mirada que la compañía lleva años impulsando bajo el concepto de Higiene Consciente.
“Las nuevas normativas exigen, por ley, lo que desde PAPELMATIC se define como Higiene Consciente: entender la limpieza no como un acto mecánico, sino como un sistema de equilibrio entre el cuidado de las personas, el bienestar colectivo y el respeto por el planeta. Ya no basta con eliminar la suciedad, ahora hay que ser conscientes del impacto de cada decisión. Cuidar de la piel del operario que manipula los alimentos es conciencia con uno mismo; garantizar que una bobina de papel no contamine el producto final es conciencia con la comunidad; y recuperar maquinaria oxidada para evitar el desperdicio o emplear celulosa certificada es conciencia con el medio ambiente. Ahora, la higiene consciente deja de ser solo una filosofía para convertirse en la herramienta estratégica que permite a las empresas cumplir con la ley de forma segura y eficiente”.
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